Sólo ansío llegar
y descansar,
sentirme a salvo
mientras cada nota
va endulzando el
sabor de la derrota,
de esta astenia
que me hace claudicar.
Y despacio dejarme
acariciar,
mientras esta tristeza, gota a gota,
va diluyéndose
hasta que se agota
y sentir que la luz
vuelve a brillar,
envuelta entre
las notas del piano,
como si un ángel fuera a ofrecerme
del más puro y
sereno de los cielos
un mensaje de afecto tan cercano
que consigue
llegar a estremecerme,
devolviéndome
todos mis anhelos.
Y aferrarme a los
vuelos
de esa caricia, bálsamo que ofrece
la música que todo lo embellece.
Alma en el verso
Alma en el verso

