Las palabras
quedaban sin sonido,
la voz en la
garganta enmudecía
y aferrada a sus
cuerdas se perdía
ahogada en su
esfuerzo enfebrecido.
Y ese grito entre
rejas contenido
que la sabia
prudencia detenía,
en el fondo del
pecho se encendía
pugnando por
salir y ser oído.
El silencio al
que a veces nos obliga
la falta de
virtud y tolerancia
de las mentes que
imponen su criterio
es castigo que al
tiempo se mitiga,
la luz brilla y
con toda su prestancia
hasta en el más
oscuro cautiverio.
Alma en el verso