Quiero
llevar conmigo, bien prendido
en el alma,
en la piel y en la retina,
el fulgor,
la belleza cristalina
que la vida
derrama en su fluido.
De la dulce
alborada el colorido,
la magia de
esa luz con que ilumina,
de la noche
su seducción divina,
el embrujo
del cielo oscurecido.
Y llevarlo
prendido eternamente
para que
cuando el mundo me lastime
nada pueda abatirme
inútilmente.
Y que ese
brillo mágico y sublime,
en cualquier
acontecimiento hiriente
sea la luz,
la fuerza que me anime.
Alma en el verso
