La casa
languidece, está desierta,
sumida
en el sopor de un decaer,
y yo,
yo ansiando verte aparecer
igual
que un torbellino por la puerta.
Nos
falta el goce, la caricia cierta
del más
cálido y tierno amanecer…
¡Ay, a
esta tierra que te vio nacer
la
están dejando estéril, casi yerta!
¡Dios,
qué difícil es vivir pensando,
pensando
en ti, sintiendo el alma inquieta,
sin
poder ver en tu mirada abierta!
Vivir
así, aguardando, deseando,
a la
espera de esa llamada escueta,
vivir
sin más, en permanente alerta.
¡Qué
época tan incierta!
Si
crudo era vivir con una ausencia,
¿qué no
ha a ser vivir sin tu presencia?
Alma en el verso

